1-El ibis gigante:
Son extrañas y bellas, y están en peligro. Estos pájaros han sido elegidos de las 9.993 especies conocidas en todo el mundo utilizando criterios de rareza genética y geográfica. Destacan por su peculiar aspecto, su comportamiento único, su historia evolutiva o por la escasez de ejemplares.
2-El egotelo de Nueva Calidonia:
Esta misteriosa especie no ha sido vista desde 1998. El egotelo de Nueva Calidonia (Aegotheles savesi) se ha convertido prácticamente en un fantasma para los observadores de aves y los investigadores. Solo se conocen dos ejemplares, conservados en museos de Liverpool (Reino Unido) e Italia. El ave es endémica de la isla de Nueva Caledonia, en el Océano Pacífico Sur, al este de Australia. Se caracteriza por su buen tamaño y patas largas. En peligro crítico, es poco probable que existan más de 50 ejemplares vivos.
3-El cóndor de California:
Pero no fue eso lo que ha acabado con el cóndor (en 1981 su población se reducía a solo 21 aves), sino la caza, la intoxicación por perdigones y la pérdida de tierras silvestres que sufrió durante el siglo pasado. Los conservacionistas realizan grandes esfuerzos para salvar a esta ave de la extinción con intentos de reproducción y cría en cautividad, pero es una tarea difícil.
4-El kakapo:
El kakapo (Strigops habroptilus) de Nueva Zelanda, también llamado loro lechuza por su curioso aspecto facial, es el loro más pesado del mundo.
A diferencia de los loros típicos, que son llamativos, alegres y vuelan, el Kakapo es solitario y no vuela, debido a que ha evolucionado en ausencia de mamíferos depredadores. Hace años, la especie estaba extendida y era común en todo el país, pero la caza, la introducción de mamíferos depredadores, la quema generalizada de bosques y la degradación del hábitat por los herbívoros introducidos han causado una caída catastrófica de sus números. Los esfuerzos dedicados a su conservación han favorecido el aumento de la población a unos escasos 125 ejemplares.
5-El kagu:
El kagu (Rhynochetos jubatus) es un ave no voladora de increíble aspecto debido a su sorprendente plumaje blanco ceniza, lo que le ha valido el nombre del «fantasma de la selva». El único representante de toda una familia taxonómica, tiene una gran cresta, patas largas y una «llamada» peculiar, que se puede escuchar a más de una milla de distancia. Es endémica de Grand Terre, la isla más grande de Nueva Caledonia.
Se encuentra en peligro por la pérdida de su hábitat natural y la depredación de perros domésticos, gatos y cerdos.
TRABAJO REALIZADO POR: Daniel Seglar González
TRABAJO REALIZADO POR: Daniel Seglar González