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miércoles, 14 de mayo de 2014

Mamuts en España

Acaba de hacerse público un trabajo de los doctores Diego Álvarez Lao (Universidad de Oviedo)  y Nuria García (Universidad Complutense) que pone de manifiesto la coexistencia en nuestras tierras del mamut lanudo, del rinoceronte lanudo y del reno -en época no demasiado lejana- con especies como el ciervo, el corzo y el jabalí. Tal vez, para muchos la presencia histórica de mamuts en la Península Ibérica sea una noticia desconocida hasta ahora, pero existen importantes yacimientos que nos muestran su paso y su permanencia en lugares tan distantes como pueden ser Padul (Granada) o Viladecans (Barcelona).

En el estudio, Alvarez Lao explica que “en los episodios de frío más intenso, las poblaciones de estas especies se vieron obligadas a migrar hacia el sur y, de este modo, podemos constatar su presencia en la Península Ibérica. Ahora sabemos que estos mamíferos adaptados al clima frío tuvieron que convivir con ciervos, corzos y jabalíes, especies propias de climas templados que eran comunes aquí en esta época”.

Sin embargo, la mera presencia de estas especies no significa que se hayan asentado de forma permanente entre nosotros, “y esto es lo que sucedió no sólo con el mamut, sino con el resto de la fauna glacial presente en la Península Ibérica”, señalan los autores en el estudio publicado ayer en la revista Quaternary Science Reviews.

Para llegar a esta conclusión, los doctores se basan en el análisis del tamaño de los restos descubiertos. “Para muchas especies se ha constatado que las poblaciones de latitudes meridionales tienen una talla menor que sus poblaciones nórdicas, como respuesta adaptativa a un clima diferente, de acuerdo con la regla biológica de Bergmann”, explica Álvarez Lao. Se trata de un patrón, añade, que se puede observar actualmente en especies como el ciervo, el oso o el halcón, en las que las poblaciones de Escandinavia poseen mayor talla que las ibéricas.

Dr. Álvarez Lao
Del mismo modo, se podría esperar que los mamuts ibéricos hubiesen experimentado una disminución de talla con respecto a las poblaciones del centro y norte de Europa si hubiesen dispuesto de suficiente tiempo para experimentar este cambio evolutivo”, afirma el investigador. Pero los resultados obtenidos en este estudio indican que los mamuts lanudos que habitaron la Península eran del mismo tamaño que los del resto de Europa, por lo que muy posiblemente sus poblaciones no hayan estado asentadas durante el tiempo suficiente como para desarrollar una disminución de talla.

En un trabajo previo ya habíamos comprobado que los mamuts del yacimiento de Padul, en Granada, no diferían en tamaño de las poblaciones del resto de Europa. Ahora podemos afirmar que sucede lo mismo en todas las localizaciones, lo que sugiere que los mamuts entraron en la Península durante episodios de tiempo limitado, quizá de forma esporádica coincidiendo con los momentos más fríos”.

Durante las glaciaciones, las especies propias de climas templados (como el ciervo o el jabalí) se refugiaron en las áreas más meridionales de Europa (penínsulas Ibérica, Itálica y Balcánica), huyendo del frío. Pero en los episodios de frío y aridez extremos, esta fauna se desplazó también hacia el sur, aunque éste no fuese su hábitat más adecuado, ya que los mantos de hielo cubrían extensas áreas del centro y norte de Europa, impidiéndoles encontrar pastos. “No se desplazaron por el frío en sí, al que estaban bien adaptados, sino por falta de espacios que les proporcionasen alimento”, explica Álvarez Lao.

Yacimiento de Viladecans, 2008
Pero el desplazamiento hacia el Sur encontró su límite en la Península Ibérica: “Por cuestiones geográficas, los ‘visitantes’ del Norte no pudieron desplazar a los habitantes de la Península, que no podían cruzar el Estrecho para dirigirse más al Sur, y tampoco los sustituyeron, sino que se mezclaron con ellos”, destaca el profesor de la Universidad de Oviedo.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores analizaron estadísticamente las asociaciones faunísticas de los yacimientos ibéricos con presencia de mamut, y los compararon con una amplia muestra de yacimientos procedentes de la Europa continental y las Islas Británicas. Posteriormente, compararon las dataciones de los restos ibéricos de estas especies de clima frío con la escala de isótopos de oxígeno obtenida en los hielos de Groenlandia, y constataron que la presencia del mamut, rinoceronte lanudo y reno en la península Ibérica coinciden con los momentos de máximo frío del Pleistoceno Superior, que tuvieron lugar entre 45.000 y 15.000 años antes de la actualidad.

Quince mil años no son muchos. Incluso se han hallado restos de ejemplares en el Ártico datados en unos 3.700 años de antigüedad. Leyendo esta última publicación, tal vez las noticias sobre avistamientos de mamuts lanudos en diversos enclaves de los Pirineos no sean tan descabelladas al fin y al cabo. Cierto es que los testimonios son pocos, vagos e imprecisos y se remontan a hace más de un siglo cuando algunos pastores creyeron ver lo que describieron como un elefante con pelo largo en el área de Monte Perdido. Hablamos, seguramente, de criptozoología-ficción pues si ya es difícil su supervivencia en general (como sí pudiera ser posible en algunas remotas zonas de Siberia) más lo sería aún en nuestras tierras donde estuvieron casi de paso.

En cualquier caso, y por el momento, deberemos conformarnos con ver mamuts en el museo dedicado al mismo en Barcelona. En el número 1 de la calle Montcada se levanta el Museo del Mamut desde 2010, un espacio dedicado a comprender la naturaleza, el origen y la desaparición de estos impresionantes animales.

La institución posee una exposición única dedicada a los animales de la Edad de Hielo, no sólo a los mamuts, mostrando a los visitantes una variada colección de esqueletos y otros restos de especies prehistóricas, además de reconstrucciones realizadas en su tamaño original. Se puede tocar el marfil de los colmillos de un verdadero mamut u oler el cuerno de un rinoceronte lanudo, entre otras curiosas experiencias.
Tal vez esta sea la oportunidad más cercana que tengamos nunca de estar junto a  un mamut. Eso si los avances de la clonación no terminan por darnos una increíble sorpresa cualquier día...

"Las matemáticas ayudan en las defensas frente al terrorismo"


David Ríos, como matemático, se ocupa de un análisis muy especial que les asigna el gobierno. Se trata de analizar qué enemigos tengo, qué pretenden, qué pueden hacerme, cómo optimizarán el daño, cómo protegerme, cómo recuperarme del ataque. Se llama Análisis de Riesgos Adversarios y, explica este catedrático de estadística e investigación operativa de la Universidad Rey Juan Carlos, surgió en EE UU, con él como uno de los pioneros, a raíz de los ataques terroristas del 11-S y de las medidas de defensa que desencadenaron. “Se sobreinvirtió en seguridad”, afirma. A sus 49 años, Ríos es miembro de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, ya en España tras unos años de trabajo en EE UU, va a poner en marcha, en el Instituto de Ciencias Matemáticas ICMAT-CSIC, una línea de investigación precisamente sobre este novedoso tipo de análisis con la prestigiosa beca de 1,1 millones de euros que ha logrado del Fondo de Investigación AXA. Invertirá la ayuda, dice, en contratar investigadores.

Pregunta. ¿Qué es el Análisis de Riesgos Adversarios (ARA)?
El análisis de riesgos adversarios se usa en subastas y en ‘marketing”
Respuesta. Considera situaciones en las que hay un riesgo, una amenaza que si se hace realidad tiene consecuencias negativas de tipo económico, destructivas, pérdidas... Mientras el análisis de riesgo tradicional se ocupa de amenazas no inteligentes, como huracanes, riadas, etcétera, nosotros nos centramos en adversarios inteligentes, en el sentido de que pretenden maximizar el daño a nuestra organización.

P. ¿Con matemáticas?

R. Sí, las matemáticas ayudan en la defensa frente al terrorismo, es el ejemplo típico. El ARA surge como una mezcla de análisis de riesgo tradicional y teoría de juegos. Esta última supone que las partes que se están enfrentando ponen sobre la mesa sus preferencias. Es decir, que los enemigos se conocen perfectamente: “Sé quién es el malo y sé lo que quiere, y él sabe quién soy y lo que quiero”. Pero en las situaciones que nosotros analizamos, estas condiciones no se dan: sé quién es el malo pero hay ocultación de información. Lo que hacemos es construir un modelo de una de las partes, el defensor, que predice lo que va a hacer el contrario, el atacante, para el que suponemos que tiene una racionalidad parecida a la nuestra.

P. ¿Y si el enemigo usa también el ARA?

R. Podría ser. Estudiamos distintos tipos de atacantes, de racionalidad. Simulamos el posible atacante para predecir lo que va a hacer, y con nuestro modelo ayudamos a tomar la decisión óptima del defensor.

P. ¿Un caso típico?

R. El terrorismo. Estamos haciendo el análisis, por ejemplo, de riesgo para una infraestructura crítica de una ciudad, como el metro, en un proyecto europeo. Identificamos las posibles amenazas, las formas de ataque del enemigo, intentamos averiguar sus motivaciones, sus preferencias... y, a partir de ahí, elaboramos el modelo matemático. Queremos saber, por ejemplo, cuál puede ser el número de personas que pretende matar el enemigo para alcanzar la máxima publicidad, o para llegar a la santidad sacrificándose... El razonamiento intuitivo puede llevar a un comportamiento subóptimo, y lo que nosotros pretendemos es dar un soporte matemático a las decisiones frente al adversario. Es un método eficaz porque aportamos mecanismos para racionalizar las inversiones que se hacen en seguridad.

P. ¿Cómo surge el ARA?

R. Como consecuencia del 11-S y de otros grandes atentados probablemente se sobreinvirtió en seguridad y en sistemas de defensa. La cuestión es racionalizar la asignación de recursos, por ejemplo no poniéndonos en el peor caso posible, sino en el riesgo real.

P. ¿Trabajan en esto los matemáticos para los Gobiernos?

R. Yo, no. Me dedico a proyectos científicos. Pero en EE UU sí que trabajan para el Gobierno expertos en ARA. Hay varios centros de matemáticas que se ocupan de esto con financiación del Departamento de Interior.

P. Todo muy secreto...

R. Como investigadores, publican modelos, pero hay que alimentarlos con datos reales que no son públicos.
Estudiamos situaciones en las que el ‘malo’ oculta información”
P. Usted estaba en EE UU cuando arrancó la idea del ARA...

R. Sí. El Gobierno de EE UU pidió a una consultora una evaluación de las amenazas bioterroristas y, como validación, solicitó a la Academia Nacional de Ciencias un informe sobre la metodología utilizada. Uno de los autores de ese informe y yo empezamos a trabajar en esto. Había tres enfoques: uno basado en el análisis de riesgo tradicional, que no tenía en cuenta la intencionalidad del adversario; la teoría de juegos, que exige conocimiento común; y, la tercera, el análisis de decisiones, que no tiene métodos operacionales para sacar distribuciones de probabilidad necesarias.

P. ¿Otras aplicaciones?

R. Ciberseguridad. Estamos trabajando en un proyecto para una torre de perforación de petróleo cibercontrolada que es un objetivo para piratas informáticos. Otro ejemplo son las subastas: tú participas en un concurso, tienes posibles competidores y quieres saber cuál es tu estrategia óptima, la oferta que tienes que hacer. Ya hay diseñadores de subastas que usan el ARA y hay casos muy famosos, como la subasta del ancho de banda con la telefonía 3G: hubo Gobiernos que ganaron mucho dinero porque diseñaron bien las subastas. También se puede utilizar en marketing competitivo, para desarrollar la estrategia frente a los competidores... Es decir, siempre en situaciones en que tienes un competidor inteligente e incertidumbres en cuanto a cuál es tu mejor estrategia.

P. Habla de comportamiento inteligente del enemigo, pero puede ser bastante tonto o visceral.

R. Hay organizaciones terroristas que funcionan como una corporación, y mi ejemplo favorito es la piratería somalí, que está perfectamente estructurada, con unos inversores, un grupo de sabios que la dirigen... No son cuatro desarrapados. Tienen unos objetivos y quieren hacerlo lo mejor posible con unos recursos limitados y maximizando el daño al adversario o los beneficios. Así que puede parecer irracional su comportamiento, y en realidad es una racionalidad diferente. Pero es verdad que puede haber un elemento visceral en los conflictos y desde hace unos años se consideran estas cuestiones relacionadas con las emociones en neuroeconomía y en computación afectiva.
Tras los atentados del 11-S se sobreinvirtió en seguridad”
P. ¿Cómo maneja el matemático esto, dado que a menudo van mezcladas racionalidad e irracionalidad en los conflictos?

R. Construimos diferentes modelos de adversarios: desde los que no tienen comportamiento estratégico a los que sí lo tienen y de distinto nivel. Todo esto se traduce a matemáticas, lo alimentas con datos, lo metes en un programa de ordenador y obtienes soluciones, respuestas al problema. Con estos métodos matemáticos intentas quitar el sesgo a las apreciaciones subjetivas.

P. Con estas aplicaciones matemáticas, con los ordenadores interviniendo en los conflictos, ¿no se corre el riesgo de exacerbarlos, de hacerlos más peligrosos?

R. Eso se ha estudiado con teoría de juegos y el ejemplo típico es la Guerra Fría. Un problema fundamental de la sociedad es la seguridad y, si la valoras como algo esencial para tu desarrollo, tienes que intentar afrontar el problema de la mejor forma posible. Las matemáticas pueden ayudarte.




                                      Publicación hecha por Adrián Ruiz y Mónica Piña